El 13 de diciembre de 1976, durante la última dictadura cívico-militar argentina, se produjo en el Chaco la Masacre de Margarita Belén, aquel fusilamiento clandestino realizado en conjunto entre las fuerzas del Ejército y la policía provincial que culminó con el asesinato y la desaparición de un grupo de militantes políticos que se encontraban detenidos, a disposición del Estado y sin posibilidad alguna de defenderse.
La versión oficial, reflejada también por la prensa, intentó presentar los hechos como un supuesto “enfrentamiento” cuando en realidad fueron ejecuciones sumarias, torturas y desapariciones forzadas.
Las secuelas de ese crimen siguen vigentes, ya que algunas de las personas detenidas en ese operativo continúan desaparecidas. Sus familias siguen reclamando justicia, memoria y reparación. Margarita Belén no es solo un episodio histórico: es una herida abierta que recuerda el impacto que ocasiona la violencia institucional cuando el Estado se aleja de la legalidad, el control democrático y el respeto absoluto por los derechos humanos.
Desde el Comité para la Prevención de la Tortura del Chaco, recordamos esta fecha con un doble compromiso. Por un lado, mantener viva la memoria de las víctimas, reconociendo que la verdad histórica es esencial para sostener una sociedad democrática. Por otro, reafirmar nuestro trabajo cotidiano: prevenir y visibilizar toda forma de violencia estatal, especialmente en lugares donde las personas están bajo custodia, en contextos donde la asimetría de poder exige estrictos mecanismos de control.
La Masacre de Margarita Belén nos enseña que la violencia institucional se solidifica si la memoria histórica se diluye.
Memoria, verdad, justicia y prevención de la violencia institucional: ese es nuestro compromiso permanente.


